El seudónimo que ocultó la identidad de Patricia Highsmith

Una de las autoras más importantes de thrillers psicológicos del siglo XX, que contó una de las historias LGBTIQ+ más poderosas de nuestros tiempos.

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Hace cinco años se estrenó en los cines Carol, del director Todd Haynes. Una película que habla del amor entre dos mujeres durante los años cincuenta, sin duda un tema tabú en esa época. Para mi sorpresa, descubro que la autora de la historia original es nada más y nada menos que Patricia Highsmith. 

Cuando escuchamos este nombre es muy probable que nos remita a la serie en torno a  El talento de Mr. Ripley –llevada al cine en varias ocasiones–, La celda de cristal (1964) o Extraños en un tren, que Alfred Hitchcock adapta cinematográficamente en 1951.  De esta manera, Highsmith se ganó el nombre de escritora destacada en los cincuenta, gracias a los thrillers psicológicos. Pero Highsmith, una sagaz creadora de historias de suspenso, en realidad era capaz de escribir de cualquier tema con gran facilidad. 

Lo que yo ignoraba era que El precio de la sal, producto de la pluma talentosa de esta autora, publicó en Estados Unidos bajo el seudónimo de Claire Morgan debido a que sus editores consideraron mala idea el publicar una novela tan distinta en cuanto al estilo usual de Highsmith, utilizando su nombre asociado entonces a otro género literario. Sin embargo, el seudónimo Claire Morgan no sólo escondía el nombre de la gran escritora de novela negra y thrillers psicológicos; sino que escondía algo esencial en la identidad de Highsmith: su lesbianismo.

Tras un tiempo de entablar relaciones con mujeres, la historia de Carol surge a partir de un encuentro furtivo que tuvo Patricia con una mujer distinguida en una tienda departamental de Nueva York. Carol le pareció tan interesante que cuando la escritora volvió a casa, comenzó a redactar aquella novela que no se publicaría utilizando su verdadera identidad sino hasta muchos años después. Tuvieron que transcurrir 38 años de la aparición de El precio de la sal, para que Highsmith, una vez salida “del closet”, decidiera en 1989 publicar nuevamente su novela, esta vez con su nombre verdadero en la autoría y con el título que ella siempre quiso darle: Carol

La película (2015), protagonizada por Cate Blanchett y Rooney Mara, se apega en mucho a la historia original, brindando un giro cinematográfico sensual y elegante. 

Ahora, celebrando su primer lustro, sirva este pequeño homenaje para manifestar mi admiración por esta película, a mi parecer en extremo significativa para la comunidad LGBTIQ+.

(Spoilers a continuación)

Carol Aird y Therese Belivet: dos mujeres que se conocen durante una noche ajetreada en una tienda departamental de Nueva York.

Carol (Blanchett), una rubia seductora, se acerca a Therese (Mara), aspirante a fotógrafa que allí trabaja, para solicitarle ayuda en la elección de un regalo para su hija, surgiendo entre ambas una trama con varios giros que nos llevan hacia una historia lésbica diferente a las que habíamos visto anteriormente; una relación entre mujeres en un periodo en el que ser lesbiana se consideraba una falta a la moral y a la conducta; cuando el amor era estigmatizado, sin libertad para amar a quien se deseara. 

Lo poderoso de Carol es que rompe con distintos paradigmas y sólo Highsmith logró quebrantarlos gracias al poder de su genialidad al exhibir un amor entre mujeres en los años cincuenta: una mujer de clase social alta y una chica del gremio trabajador; una mujer mayor que ama a una más joven; una mujer casada que se enamora de una chica con novio nos lleva a la reflexión acerca de aquellas trabas sociales y filosóficas que se cuestionan incluso en la actualidad. 

Ambas mujeres son valientes, saben lo que quieren. Lentamente van dejando atrás sus miedos y deciden seguir sus sentimientos; pese a todo, siguen su camino hacia la felicidad. Al parecer todo está en contra de su relación: las parejas de ambas, la sociedad, las leyes; y, sin embargo, la autora se atreve a obsequiarnos algo precioso: nos brinda un final feliz. Con ello la autora se olvida de todo, y sólo entiende por un segundo que seguir al corazón es válido (e incluso vital), y que ni una época ni unas reglas o leyes van a impedir que estas mujeres estén juntas. 

Lamentablemente, en la realidad no disfrutamos siempre de finales felices, pero creo que de vez en cuando en la pantalla grande, en los libros, nos merecemos uno de ellos . 

Carol permanece como un acierto para darle visibilidad a la comunidad LGBTIQ+ porque nos brinda esa esperanza de que la vida puede ser distinta, que es posible mejorar. Nos deja soñar con la posibilidad de que también podemos encontrar ese lugar dichoso con quien sea que decidamos amar, y nos invita a luchar por nuestros ideales; nos dice que tal esfuerzo no  necesariamente terminará en tragedia, que sí podemos amarnos entre mujeres y encontrar ese remanso incluso entre todo el caos: ese halo luminoso que Therese encontró en Carol, esa majestuosa libertad que encontró Carol en Therese. 

Hoy, sesenta y nueve años después de la publicación original de Carol, celebro la vida y la obra de Patricia Highsmith, una de las primeras escritoras estadounidenses declarada abiertamente lesbiana, por habernos regalado no sólo su valentía al haber escrito este relato sino también como un ejemplo de libertad. 

Seamos libres de escribir acerca de lo que verdaderamente nos interesa, y libres de amar a quienes prefiramos sin tabúes, tapujos o culpa. 

Si no luchamos por aquello que amamos, ¿por qué otra razón deberíamos luchar entonces?

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