¡Joven, mesa para uno!

¿Alguna vez ir a comer solx no resultó cómo esperabas? La pandemia nos confrontó y nos enseñó a disfrutar los alimentos en compañía de nosotrxs mismxs.

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Para el mexicano la palabra familia tiene un gran peso, siendo la comida en familia o en compañía de amigos, la actividad más importante para la mayoría, y aunque en los últimos años esa práctica está disminuyendo gracias a la cantidad de labores de cada miembro; estos siempre buscan la manera de sentarse a compartir sus alimentos con sus seres queridos(lo más que se pueda). Para muchos comer acompañado es un momento en el que no solo nutren su cuerpo, también es una oportunidad de demostrarse cariño, se refuerzan los lazos afectivos y se come más contento. 

Por otro lado hay estudios que demuestran que comer acompañado tiene desventajas como  ingerir más en cantidad o no conectar al 100 con los alimentos.

¿Pero qué pasa cuando por cualquier razón tienes que comer solo? 

Photo by Tamas Pap on Unsplash

Hace un par de semanas escuchaba un podcast titulado El gozo de comer con uno mismo, me pareció muy interesante. La autora Adriana Arrazola narraba que una ocasión salió a comer sola y al llegar al restaurante, el mesero que la recibió no sabía qué hacer cuando ella le dijo que quería una mesa solo para ella. Al escuchar eso me quede pensando justo en todo lo que representa salir a comer solo. Es cuando comienza una serie de detalles que no imaginabas, por ejemplo: la mayoría de los establecimientos en la CDMX no cuentan con mesas para una persona, entonces el mesero deberá de montar una mesa para ti; ya sentado, siguen las miradas de las personas que seguro pensarán que te dejaron plantado o que no tienes amigos; ¡no es nada fácil, como decía Adriana, es un momento para confrontarte a ti mismo!.  Ya liberándote de todo el ¿qué dirán? es cuando disfrutas ese viaje de salir contigo mismo, de descubrir que tu propia compañía es valiosa y si no lo es, entonces algo anda mal con uno mismo. ¡Wow! Al pensarlo me quedé en shock. 

En lo personal las únicas veces que como solita es cuando estoy en casa o parada en un puesto de tacos porque tengo mucha chamba y tengo 15 minutos libres. Y analizando lo anterior, es cierto, comía sin conectar con los alimentos, además comía lo que encontraba en el camino, aunque no se me antojara, sin disfrutarlo, sin pensarlo y muchas veces sin que me nutriera. Y si comía en casa sola comía viendo tele o sin soltar el celular y casi-casi, directo de la lata de atún, sin cuidado, sin cariño y sin que el plato se viera lindo.

Bueno, pues resulta que la semana pasada hice mi propia experiencia de comer sola conectando con mis alimentos ¡fue revelador!. Cociné algo que se me antojaba (y no las sobras que luego te encuentras en casa), descorché una botella de vino, la comida estaba a la temperatura correcta, el platillo estaba montado lindo y hasta música de fondo puse. Dejé a un lado el celular y la TV, de verdad que me costó trabajo, fue una sensación rara. Sola siempre le doy más peso a mi teléfono que a los alimentos que estoy degustando. Esta vez lo hice consciente y lo disfrute con los cinco sentidos clavados en mi comida, poniendo atención a las texturas en boca; en los aromas, sin distracciones, (sin atender más el chisme si estoy con una amiga comiendo) masticando lento, feliz. Y sí, me encontré  conmigo. 

¡Deben intentarlo! les aseguro un encuentro lleno de amor con su mejor aliado, con esa persona con la que vivirán hasta que mueran.

Photo by Esther Wilhelmsson on Unsplash

Para muchos establecimientos de alimentos y bebidas, sin duda es una área de oportunidad. Es importante que miren hacia este tipo de mercado. Cada vez hay más personas que alguna de sus comidas la realizan solos. Estaría padrísimo, que diseñaran menús para una persona, a veces se te antoja algo y es para compartir, o incluir mesas para uno, recuerdo que en una ocasión entré a comer sola a un bar y me sentaron en la esquina donde ni cómoda me sentía. No tenían variedad de etiquetas de vino por copeo, si quería un vino en especial tenía que comprar la botella. Me sentí abandonada por el personal de servicio; se tardaron muchísimo en tomarme la orden por atender mesas más grandes y analizando este detalle en el servicio, pensé, seguro los meseros atienden como prioridad las mesas donde hay más comensales porque en esa mesa recogerán más en propina que en una mesa para uno, fatal.

Foto: Unsplash

Son algunos aspectos que se pueden trabajar, pero también tuvo sus aciertos como el detenerme a mirar con detalle la carta y seleccionar lo que en verdad se me antojaba y no escoger de prisa porque estás en medio de una platica con alguien más y ni pelas bien el menú; otro punto a favor es el de la parte económica, cuando vas acompañado por lo regular pides de más, a veces ni siquiera es algo que pediría, (lo hacemos para quedar bien) y si la cuenta se divide en partes iguales, por lo general terminas pagando más de lo que uno consume, y si hablamos de la parte nutritiva, al comer solo comes porciones más pequeñas y hasta más saludables, porque pones atención a tus elecciones. 

En conclusión, les recomiendo que vivan la increíble experiencia de comer con ustedes mismos, pueden comenzar haciendo en casa o lanzarse a la aventura en algún lugar, si la primera experiencia no es grata, no se desanimen, sigan intentándolo.

Ya teniéndolo bajo control se van a disfrutar y van a gozar cada minutos con los alimentos, van activar sus sentidos y descubrir el sin fin de texturas, colores, aromas, sonidos y sabores que los platillos ofrecen. Es una oportunidad para asumirnos, consentirnos y reflexionar a través de la comida. Les firmo que fomentarán un buen hábito para toda la vida con el que no sólo nutrirán su cuerpo, sino también su alma.  

¡Buen provecho!

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