El dark side del mandil

¿Realmente no tienes dotes culinarias o solo no te gusta estar del otro lado del mandil porque deep down sabes lo que eso trae consigo?

Words by...

Comienza marzo y con ello debemos analizar y cuestionar muchos aspectos cotidianos y sistemáticos, tratando de llevarlo al terreno del diario y a la perpetuidad. Y no es que con la marea verde y morada debemos “subirnos al tren”. Sin embargo, resulta imposible que no pongamos un poco más de atención a los temas que envuelven al feminismo en este mes.

Como hombre, esta nota y reflexión intenta poner una perspectiva masculina (lo que sea que eso signifique) en un tema machista, una especie de auto-regaño y llamado a mis compañeros de cocina, dentro y fuera de lo profesional.

En el imaginario mexicano la cocina es un lugar de mujeres, un bastión para las amas de casa donde preparan las delicias que la familia consume día a día, donde generación tras generación el mandil y la sazón son heredadas.

Y aunque poco a poco esa imagen empieza a perder fanatiques, aún persevera en la gran mayoría, peor aún que asumir que las mujeres deben cocinar, es la idea de que son las responsables de la alimentación de la familia al 100%, desde la ida al mercado y supermercado, seguida por la elaboración de los platillos, hasta la limpieza de todo el equipo requerido para el ritual de alimentarse en tiempos modernos, y tantito más jodido es la idea de que lo disfrutan, que es lo que les gusta y hace feliz. 

Claro, a todes nos gusta saber que podemos hacer feliz a quien sea con nuestras creaciones culinarias, pero no cuando es a fuerza o porque es “tu lugar y deber”.

No con malos tratos y exigencias absurdas. Y es precisamente sobre esto de lo que va esta reflexión, ya que es fácil perder de vista lo que viene a continuación… Los malos tratos a las portadoras del mandil en casa son algo común y poco visibilizado, sin generalizar ni señalar, yo muchas veces fui testigo de ello en mi casa y en casas ajenas.

Reclamos que parecen sacados de sitcoms de los ochentas y noventas, ocurrencias disque chuscas que solo terminan en incomodidades y pasive aggressiveness.

Acciones como solo sentarse a la mesa y esperar que la mujer sirva y ponga la mesa, pensar que con poner platos y cubiertos ya has contribuido de gran manera a la comida, terminar de comer y no recoger la mesa (ya ni se diga de lavar los platos), hacer comentarios que ni al caso y solo buscan demeritar o señalar negatividades. 

“Le quedaba mejor a mi mamá”
“¿Hoy estabas brava verdad?”

En las cocinas profesionales de México (y el mundo) sucede lo contrario (osea, ¿cómo?). 

La cocina se vuelve cosa de hombres, de piratas y guerreros, como diría nuestra querida Colette. Como si las cocinas profesionales fueran a quebrar a cualquiera que no sea rudo y tremendo macho. Y no voy a mentir, si son difíciles, y sí quiebran a quien no esté a la altura del reto, pero de ninguna manera eso es exclusivo de un género y mucho menos del masculino.

Tristemente esta tendencia parece no disminuir y solo encuentra eludir el problema de lleno dando soluciones a medias o francamente estúpidas. La más ridícula e insultante me parece es precisamente la tesis que defiende Colette en el ya clásico del cine, animación y gastronomía: ¡Ratatouille!

Ella, junto a otras figuras tanto ficticias como reales ejemplifica y sostiene esta premisa, la cual es que para liderar una cocina básicamente debes ser “uno más de los chicos”, desprenderte de tu identidad para adoptar la del chef rudo y rabioso. Ponerte una verga mental y metafísica si nos vamos a lo gráfico y vulgar. 

Una vez más esta idea es en parte real. Las cocinas profesionales son lamentablemente militares y jerárquicas y sin duda alguna requieren una persona con liderazgo al frente, también es cierto que no puedes ser “amable” o  buena onda porque va a haber une o algunes que se aprovechan de dicha situación, sin embargo no entiendo porque la figura de autoridad ideal debe ser un vato (sue me). 

Como practicante siempre fui proactivo y el típico insufrible que llegaba antes y se iba al último, no tanto por conseguir un puesto si no porque mi pasión en ese momento me permitía sacrificar todo mi día por la emoción de la cocina. En muchas ocasiones se me daban responsabilidades que a mis compañeras no y en su momento lo atribuí a mi destreza y proactividad. La mera realidad es que me las daban antes siquiera de la oportunidad de demostrarlas. 

Con esa idea me gustaría regresar al terreno de lo doméstico para apuntalar la reflexión del día. 

La mayoría de la violencia hacia las mujeres ni siquiera es notada por aquellos que la perpetuamos, vivimos tan ensimismados en un sistema que nos favorece (a los hombres) que pensamos que muchas de nuestras actitudes son normales y sin malicia cuando la realidad es otra. 

La cocina dentro y fuera del hogar, así como el rol de la mujer en ella están romantizados por hombres y mujeres por igual. Y así como el amor Disney, la pornografia y la monogamia han causado más mal que bien en el mundo.

Share on: Twitter | Facebook

Related Articles

El recetario para recordarlxs

La cocina, uno de los medios para conectar… Incluso con aquellos que ya no están. Un recetario que lleva el recuerdo de las voces de la ausencia.

La historia de la mujer tras bambalinas

Pareciera que el rol de la mujer en la cocina es algo tan natural que lo damos por sentado. Sin embargo, su rol va más allá desde el origen de la humanidad.

¿Y si cocinamos con los scraps de frutas y verduras?

Existe una preocupación mundial por el estado del planeta y el impacto de nuestras acciones. ¿Por qué no aprovechar hasta la última parte de los alimentos?

Rituales de boda y gastronomía

La religión, la cultura y la latitud son elementos que definen los simbolismos, rituales, vestimentas, alimentos y bebidas que se involucran en una boda.

Search...

Pop my brain out...