¿Conoces el pink tax?

El impuesto rosa y la desigualdad con la que vivimos a diario siendo mujeres… Ganando menos dinero que un hombre y pagando más por los mismos productos.

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El llamado impuesto rosa, que hasta por su nombre me podría parecer ofensivo, se refiere al gasto extra que tienen ciertos productos en sus versiones “femeninas”. Así que, si la desigualdad es algo con lo que vivimos a diario siendo mujeres, ganando menos por el mismo trabajo, también debemos pagar más por el mismo producto.

En general estamos hablando que desde que nacemos, la ropa, juguetes y productos de cuidado personal cuestan un promedio de 7% más que las versiones masculinas del mismo tipo de producto. En sí, se explica que el pink tax no debe entenderse como un impuesto, sino como un sobreprecio aplicado a las estrategias de mercadotecnia que se emplean en los productos “femeninos”, ya que al vincularse a la mujer como la persona que más peso tiene en cuanto a decisiones de compra dentro de un hogar, nos vuelve en un mercado para las estrategias de consumo. Es decir, el costo es más alto ya que las marcas invierten más dinero en la presentación, diseño, empaque y publicidad.

La gran mayoría de estos productos son asociados con la higiene personal, aunque estos pueden sustituirse por un producto neutro o productos de hombres. El problema es que este impuesto no sólo se queda en este tipo de mercancía, sino que los gastos médicos, servicios, productos financieros e incluso un seguro médico son más caros para una mujer; estos últimos alegan que es porque la mujer tiene un promedio de vida más largo, pero no por ello dejamos de ser propensas a padecer enfermedades.

La cruda realidad 

No existe ninguna institución o protección para este ámbito en específico, en México tenemos la PROFECO, cuyo margen de acción sobre estos temas, se queda corto y no hace realmente mayor diferencia. Tampoco ayuda que hay productos que simplemente no existen en su versión masculina o neutra, como tampones o toallas sanitarias. 

Las soluciones

La estrategia que sí podemos seguir, aunque no por ello se acabe el problema de desigualdad, es evitar consumir esta mercancía en su mayoría. Las soluciones van desde evitar el producto denominado rosa, cuando hablamos de rastrillos, cremas corporales, desodorantes, etc. E incluso, otra opción que nos debería parecer más viable, es salirnos del tren del consumo y comprar sólo lo que necesitamos de forma sustentable. 

Evitar toallas o tampones y cambiarlos por una copa menstrual, que aunque su costo de inversión es más caro, su tiempo de vida hace que ese costo se recupere en menos de un año. 

Conclusiones

En la actualidad hay muchos productos y tiendas que se dedican a tener productos de refill, evitando no solo el costo, sino la huella ambiental. Tienen una amplia variedad, completamente neutra, desde cepillos de dientes, a jabones, shampoos y desodorantes. 

Entonces, aunque no exista una solución perfecta, podemos luchar contra este impuesto, conocer las disparidades entre los precios de productos similares que no prometen más que una buena publicidad y cambiar no solo nuestra forma de percibir los productos asignándoles un género, sino cambiar nuestra mentalidad con respecto al consumo.

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